lunes, 29 de marzo de 2010

LA "RODADA" CONSERVADORA

Un “godo de racamandaca” de mi ciudad comentando el reciente primer debate presidencial señalaba que era una paradoja que el partido conservador – en su mejor momento – tenía la peor candidata, y que el Polo – en su peor etapa – poseía el mejor. “Mi Dios le da carne a quien no tiene muelas”, remataba.

Que Nohemí haya derrotado a “Uribito” es un hecho de máxima importancia hacia el inmediato futuro. Se castigó la corrupción, la soberbia, la sobradez paisa, el cinismo, que son pecados de Uribe, pero igual, el pastranismo se hizo sentir agitando el “trapo azul”. No sabemos que tanto haya de “anti-uribismo” en ese voto, pero es un resultado que exige serio análisis. ¿Estará allí el “nudo gordiano” de esta campaña presidencial?

El compromiso programático frente a la necesidad burocrática

Los conservadores renunciaron a tener presidente propio. Unidos en torno a Nohemí habrían podido construir alianzas, explotar las resistencias que tiene Santos y aprovechar sensibilidades de género. Con Arias también lo hubieran podido intentar, pero “Uribito” está amarrado a los delitos de Uribe. Se auto-derrotó al no mostrar autonomía. Su falta de compromiso partidario le hizo perder la consulta, a pesar de contar con toda la maquinaria gubernamental a su favor.

¿Tal decisión fue una expiación frente a ocho años de entrega al uribismo? ¿Se quiere rescatar personalidad partidaria? Parece que las bases conservadoras de nueva generación quieren el fortalecimiento de su partido. Se aferraron a la candidata que les ofrecía confianza y representación propia. Es un aspecto a tener en cuenta.

Los conservadores-santistas creen tener el control de la votación obtenida por Arias. Con ese acumulado pretenden hacer parte del nuevo gobierno. Consideran invencible la maquinaria uribista que ayudaron a crear. Su postura burocrática va en contravía a lo que ese partido ha construido en las últimas dos décadas. Si el cálculo les falla, la pueden pagar caro.

Santos llama a los conservadores a apoyarlo y los provoca de contera. La confrontación partidista se calienta. ¿Qué tantos conservadores se dejarán conquistar por las cuotas de poder, cuántos se aferrarán por dignidad a su candidata, y en el caso de que Nohemí no crezca, qué porción de ellos estará dispuesto a votar por un candidato diferente para derrotar al “candidato-encubridor”.

El partido conservador puede sufrir un proceso de desangre a manos del “uribismo” similar al que sufrió el liberalismo. “Uribito” y sus asesores están en el filo de la navaja. El camino que tienen al frente es incierto. Dejar un partido in crescendo para irse al de la “U”, que sólo tiene asegurado cuatro meses de gobierno uribista, puede ser un “harakiri”. Esa es la razón que no haya dado el salto tránsfuga.

Arias sabe que se puede convertir en símbolo de traición. A regañadientes se queda con Nohemí, pero va a hacer campaña de “brazos caídos”. Otros – los “rodados” – juegan y negocian por él. Si Nohemí no sostiene el impulso que le dio el triunfo en la consulta, si ven comprometido el segundo lugar en la primera vuelta, la “rodada” conservadora va a ser mayor, y puede ser en muchas direcciones.

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