lunes, 5 de abril de 2010

Jorge Reynolds, a corazón abierto

Desde que inventó el primer marcapasos externo del mundo, en 1958, Jorge Reynolds no ha parado de trabajar para descubrir los secretos del corazón.

Una pasión que, curiosamente, lo ha llevado a conocer de cerca a las ballenas pero le ha quitado tiempo para gustos que pocos conocen: la música, el automovilismo y los aviones.

La oficina de Jorge Reynolds, el creador del primer marcapasos externo del mundo, está inundada de ballenas. En las paredes del corredor que precede la entrada cuelgan cuadros de cetáceos pintados al óleo y el afiche de una ballena azul entrando en la bahía de Santa Marta. Justo al lado de la puerta hay una pequeña repisa con diez ballenas de mármol en diferentes tamaños. Detrás de su escritorio se asoma, imponente, la escultura de una aleta.

Su obsesión con este mamífero tiene una explicación sencilla: el corazón. No hay nada que desvele más a este ingeniero electrónico –único integrante de la Sociedad Colombiana de Medicina que no es médico– que el principal órgano del cuerpo humano. Por eso ha dedicado la vida entera a estudiarlo pese a que, con una sonrisa en los labios, afirma que 53 años después “apenas está empezando a entenderlo” y que “necesitaría otra vida para saber cómo funciona”.

Pero más allá de la modestia, sus aportes a la ciencia son innegables: el doctor Reynolds pasará a la historia como el inventor, por allá en el año de 1958, del primer marcapasos externo del mundo, un armatoste de 45 kilos que debía transportarse en un carrito y tenía que conectarse a la batería de un automóvil para lograr que funcionara.

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