Es un trastorno del comportamiento que se origina en que la persona asocia la acción que debe realizar con el cambio, el dolor o la incomodidad (estrés). Su ansiedad ante una tarea pendiente la hace percibirla como abrumadora, desafiante, difícil, inquietante o tediosa, y hace que esta persona se autojustifique posponiéndola hacia un futuro en el que lo importante se supedita a lo urgente.
Quizá sea bueno definir lo que siente un procrastinador con un ejemplo que trae el Diccionario del español actual: “La real pereza que por dentro de mi real laboriosidad existe en mí, esa invasora tendencia a la procrastinación…”.
El dejar todo para después, o mejor, el “nunca hacer hoy lo que puedas dejar para mañana”, es un defecto mucho más común de lo que se cree, y ataca a la gente, ahí sí, sin distingos de sexo, raza, edad u otra condición. Muchas personas que en la superficie parecen ser comunes y corrientes, es decir, que llevan su existencia de una manera aparentemente ordenada, esconden en los pliegues de su cotidianidad una lucha permanente contra el síndrome de la procrastinación.
“Apenas se me presenta algo importante de lo cual deba ocuparme –decía mi amigo, hay algo en mi cabeza que me empieza a forzar a posponerlo indefinidamente. Y, entonces, no hago lo que tengo que hacer, no lo hago, no. La ansiedad empieza a apoderarse de mí y no logro organizar lo que tenía que organizar, o hacer la llamada que debía de hacer, porque toda clase de excusas empiezan a aflorar a mi mente para impedirme actuar”. Para él, este molesto sentimiento es una de las facetas más deplorables de su personalidad: “La procrastinación me ha afectado desde que tengo uso de razón, desde el momento en que me acuerdo de mí mismo como un niño que llegaba a la casa y no era capaz de empezar a hacer las tareas, siempre le huía a las responsabilidades, y eso me trajo muchos regaños de mis papás y muchas contrariedades”.
Esta especie de enfermedad es una condición que disloca el mecanismo que hace que a la intención siga la acción. No están lo suficientemente aceitados los dientes de ese engranaje que hace que la mente fluya y vaya en busca de la acción. Y, aunque la mayoría de la gente tiene la tendencia a procrastinar, la mayoría de las personas tienen una especie de mecanismo ‘responsable’ que las hace pasar por encima de ese pecado llamado negligencia y que las obliga a actuar, así sientan constantemente dentro de su cabeza esa vocecita que les dice: “no actúes, todavía hay tiempo…”.
Existen tres tipos de procrastinación por evasión, que impide empezar una tarea por miedo al fracaso y que es un problema de autoestima. Por activación, que posterga una tarea hasta que ya no queda más remedio que realizarla. Por indecisión, que se da en personas que intentan realizar la tarea, pero se pierden en pensar la mejor manera de hacerlo y nunca toman una decisión.
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